En mi historial de viajes tengo una colección de carreteras verdaderamente acojonantes; he subido varias montañas del país, aunque nunca llegué a la altura de mis tres amigos enterrados en el Éverest, y me gusta viajar por sitios desérticos o extremos y poco habitados, pero no soy dado a vivir riesgos «inútiles». Claro que lo de «inútil» es muy relativo y depende del prisma por el que se mire; arriesgar la vida por cosas tan banales como un selfi, subir al pico de una montaña donde te la juegas, colgarte de una pared o visitar caníbales … no van conmigo. Si he de arriesgar la vida que sea por una causa útil para las vidas.

Serpenteando por la «Serra da Estrela»

Hubo un tiempo en donde, a menudo, nos batíamos con la policía, ya fuera por el mero hecho de la existencia de una dictadura, por un salario digno o por unos derechos políticos inherentes a la libertad y, hoy en día, la destrucción del litoral, bosque o rio, condiciones de vida que rayan la sobrevivencia o la resta de derechos sociales o individuales… Pero batirse por un botellón, jugártela por un selfie, colgarse de una pared… no van conmigo, por más tintes políticos que algunos traten de darle.

Evidentemente que no estoy por su prohibición; allá cada uno con sus manías y gustos, pero sí pienso que, por ejemplo, aventurarte por una montaña sin la más mínima preparación y luego pedir ayuda a la Guardia Civil para que te vayan a rescatar, como mínimo debería ser y hacerte responsable de los gastos.

Queda evidenciado pues que no escatimo ante el riesgo «útil» pero trato de evitar el «inútil» y esto, en las carreteras, es para mí una norma esencial. En uno de mis últimos viajes a Noruega (2019) no siempre lo pude cumplir y en ocasiones me vi por carreteras verdaderamente peligrosas, pero nada comparable a lo vivido recientemente por carreteras de nuestro vecino Portugal.

Piódão es, según los portugueses, el pueblo más antiguo de su país. Situado en las faldas de la «Serra da Estrela» es un pequeño pueblo (en la actualidad habitado por unas setenta personas en su mayoría jubilados) todo él construido en pizarra – aquí le llaman «Xisto».

«Reconstruyendo la ruta»

Llegar es toda una aventura y si te pierdes, algo muy probable pese al GPS, acabas pasando por unas carreteras serpenteantes, estrechas e infinitas, algunas de ellas llenas de baches y entre alturas considerables, y con unos precipicios que, seguramente, te harán reconsiderar tu ateísmo.

Programé mi GPS para evitar carreteras sin asfalto y autopistas de pago; pensaba aprovechar el viaje para seguir por carreteras interiores y así conocer algo más del interior de Portugal. Ni tan siquiera usé mi GPS de confianza el Sygic. Se trataba de un viaje tipo ida y vuelta y, a pesar de que la experiencia me dicta que debo estudiar previamente la ruta, en este caso no lo hice.

Deslizarse por la pendiente una posibilidad

El GPS es muy práctico, lo reconozco, y los uso desde que aparecieron en el mercado; por entonces costaban un riñón; pese a que su instalación en el vehículo pasaba por conectarlos a las cuatro ruedas a modo de cuenta kms, eran francamente ineficaces. Hoy en día la mejora es notable tanto en cuanto a precios como en la tecnología empleada o la eficacia de la cartografía, aunque a mi entender y como tecnólogo profesional, creo que siguen siendo demasiado tontos y torpes; la imposibilidad de trazar tu propia ruta todavía es muy limitada, y la manipulación, una vez trazada la ruta, sigue siendo penosa. Por otra parte, y a pesar del desarrollo tecnológico, sigue proporcionando errores y sustos dignos de mantener la desconfianza en el sistema. A quien no le ha pasado el «gire a la derecha» que acaba metiéndote en un callejón sin salida o bien en un laberinto interminable.

Sea como sea en esta ocasión no estudié la ruta y me lancé a descubrir Piódão.

Un OVNI

Partí desde Nazaré. Todo iba muy bien hasta que llegué a las faldas de la Serra da Estrela. Ahí empieza el serpenteo por las alturas; carretera N344 y N508 son platos especiales para corazones muy sanos. En un momento el giro a la derecha me mete atravesando un pueblo con unas calles tan angostas que la furgo no lograba pasar.

Tiro para atrás y decido seguir la ruta en contra de lo que me dicta el GPS. Se supone que el GPS de tu vehículo viene parametrizado para las medidas del mismo y, por lo tanto, según porque sitios tengas que pasar, sabrá que no pasas, pero no, eso sería pedir demasiado a los fabricantes y, en consecuencia, meterte por caminos raros en viajes de largo alcance suele ser la norma. Sygic Trucks si te permite, durante la configuración del software, entrar las características de tu vehículo – peso, medidas, etc. – pero, no estoy muy seguro de que las tenga en cuenta pasando por carreteras de este tipo. Sea como fuera me decido conectar Sygic.

No obstante, en más de una ocasión me pide que gire, pero viendo el panorama de carretera que me indica no había Dios que me convenciera a pasar por allí.

Con la carretera cada vez más estrecha, empieza a llover a la par que las nubes de condensación suben ladera hacia arriba. Paso por carreteras que, debido al estado de la vegetación, me parecen haber sido el único que pasó por allí en mucho tiempo. A mi derecha se suceden precipicios que te ponen las rodillas como castañuelas. Sigo en segunda y rezando para que un socavón no me lance por la borda de la carretera montaña abajo.

De pronto estoy entrando dentro de una nube que cubre la carretera y a estas alturas ya comienzo a sospechar haber entrado en un OVNI cuyos extraterrestres me usarán para pruebas o bien haya pasado por un vórtice temporal que me llevará a otra dimensión.

No me lo he buscado, pero, ahora que estaba metido en el ajo y pese a que en estos últimos años me ha aparecido el vértigo, había que tirar para adelante y llegar a Piódão, entre otros porque no había, literalmente, espacio alguno para dar la vuelta y desandar el camino.

No soy creyente, pero en estas circunstancias me agarro a todo Dios de mí repertorio de Dioses… incluso pondero la posibilidad de parar y llamar a l@s amig@s para despedirme.

En determinados puntos del viaje llegas a un cruce, pero ninguno de los dos GPS indica derecha o izquierda… seguir en frente no era opción porque terminaba el asfalto y andar por estas alturas por caminos sin asfalto es pegártela con toda seguridad. Así que miro hacia ambos lados y opto por la izquierda… A lo lejos diviso un giro seguido de una pendiente, pero es tan pronunciada que rezo por no tener que bajarla.

Finalmente llego a Piódão. Ahí me entero de que hay otro camino, en realidad hay dos; uno por arriba y otro por abajo, según uno de los camareros del pueblo, pero, en el retorno, al tratar de tomar el de abajo no di con la carretera y además me equivoqué. Así que el regreso me llevó por los mismos trayectos de llegada.

El puente de las «Três Cruzes»

En el regreso, a la salida de un pueblo que atravesaba, tres señoras de parloteo e yo perdido mientras mi GPS se quedaba en estado de «reconstrucción de la ruta»… ¡Señora! ¿Para Porto… voy bien? ¿Qué Porto? … para Oporto … Porto… la ciudad … aaah a cidade …. siga para adianta e na ponte das três cruzes gire para Lisboa…

Se ve que por aquí Porto no les suena y la ciudad es Lisboa, como si el país solo tuviese una ciudad… sigo hacia adelante y supongo que en el puente de las tres cruces alguno irá hacia el norte.

Por todos los cruces por los que pasaba veía el puente de las tres cruces… ¿sería realmente un puente con tres cruces o bien se trataba de un puente con el nombre de “Tres Cruzes” cosa que no aparecía en mi GPS? Así que me dejo llevar por el GPS que me indica hacia adelante hasta que, finalmente, doy con el puente más raro que haya conocido. Se trata de un puente pequeño que en uno de sus extremos se ramifica en tres desvíos… en el puente ves las tres carreteras y has de decidirte por cual tirar antes de que termine… me quedé alucinado mientras el GPS no paraba de reconstruir la ruta… Ninguna de los tres desvíos indicaba la dirección o más bien llevo tanta adrenalina encima que mi cabeza siegue en otra dimensión y no me permite ver las indicaciones…

Como siempre, toma la izquierda y en pocos kms empiezo a descender y aparecen las indicaciones de autopista… salvado, una vez más …

Piódão

El pueblo es pequeño, empinado, asentado en una ladera de la sierra. Todo él está hecho con pizarras de la región. En su interior no hay carreteras sino pasillos y escaleras… no tropieces porque, de hacerlo, seguro que te tiene que coser… aquí las aristas son como puñales y la verdad, la vida de jubilado aquí es un peligro constante para sus piernas.

El pueblo está enteramente realizado en Pizarra; paredes, tejados, pasillos y escaleras… no tropieces porque de hacerlo seguro que te tienen que coser…

Hasta la década de 1970, tan sólo se podía acceder a Piódão a pie o a caballo, y hoy en día aún parece un lugar perdido en el tiempo.

A la entrada del pueblo una plaza pequeña en donde hay algunos restaurantes y muestras de productos regionales. Te atienden unos camareros muy jóvenes que constantemente, e insistentemente, abordan los visitantes invitándoles a pasar apara probar o comer…

¿Perdona… hay varias casas que en la parte superior de la puerta de entrada tienen varias cruces clavadas… ¿qué significa? … No lo sé … creo que es algo de la semana santa … aaah y ¿no será el número de muertos o generaciones que han vivido en la casa? … no lo sé …puede …

¿Cuánta gente vive en el pueblo? … habitualmente unos 70 pero la mayoría son jubilados…

Estos están tan pendientes de los euros de los turistas que ni tan siquiera se han dado cuenta del pueblo.

En los restaurantes, unos pocos, se come bastante bien y a buen precio, además puedes comprar varias especialidades culinarias como el pan de castaña con pasas, una delicia o el pan de batata, varios tipos de licor a base de agua ardiente, licor de castaña … buenísimo y diferentes tipos de miel…

En la parte superior de las puertas de entrada varias cruces de madera

Aquí apenas hay sitio para aparcar; hay un pequeño parking a la entrada y la plaza del pueblo, que, situada justo en frente al mismo, con cinco o seis vehículos ya se queda llena. Así que tendrás que aparcar en el parking o la vera de la carretera. Hay un pequeño hotel en donde alquilar habitación para pasar la noche. Aquí, como en la mayoría de Portugal, no hay problema con la cobertura del móvil o internet… que aprendan en España donde escasea hasta la cobertura de la radio fuera de las ciudades.

Hay un puesto de información turística pero cuando llegué estaba cerrado. WC público en la plaza

Viendo el pueblo y la pequeñez de las casas se me antoja que antaño vivir aquí poco nos diferenciaba de los animales. Lo más ejemplar del pueblo… y no en las alturas nooo sino situada en la pequeña plaza que da entrada al pueblo … la iglesia, como siempre bien afincada y muy lejos del cielo.

 

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